El 4 de octubre de 1992 pasó a la historia como una jornada futbolística memorable en la Serie A, caracterizada por una auténtica lluvia de goles. Se marcaron 48 tantos en solo nueve partidos, con un impresionante promedio de 5,33 goles por encuentro. La fiesta de los goles comenzó con un tanto de Francesco Baiano contra el Milan de Capello. Lo que parecía el inicio de una posible sorpresa para el equipo de Radice, que se había lanzado audazmente al ataque, se transformó en un monólogo rossonero, cerrando la primera mitad 1-4. Al final, el partido sumó diez goles, con el Milan imponiéndose con un claro 3-7.
En los demás campos, las emociones y las goleadas tampoco faltaron. En el Rigamonti de Brescia, el partido concluyó con un contundente cuatro a uno, embellecido por el único gol `italiano` del talentoso costarricense Medford, quien jugó una temporada con los rossoneri. La Juventus se adelantó con un convincente cero a tres contra el Napoli, pero Fonseca y Zola lograron reducir la desventaja, aunque sin alcanzar el empate. Abel Balbo fue el gran protagonista con un espléndido hat-trick que llevó a su Udinese a una victoria por cinco a dos contra el Pescara. Espectacular fue también el encuentro entre Genoa y Ancona, donde Signorini vivió una jornada de `montaña rusa`: primero marcó un gol y luego anotó un clamoroso autogol. Skhuravy y sus compañeros llevaron el resultado a cuatro a dos, pero Sogliano y Agostini sellaron el definitivo 4-4, en un empate de infarto.
El Cagliari se hizo con la victoria ante la Roma gracias al gol de Pusceddu, mientras que Rubén Sosa, con un preciso penalti, puso el broche a esta jornada verdaderamente extraordinaria para el fútbol italiano. Un total de 48 goles en 9 partidos representó una cifra impresionante, pero curiosamente no un récord absoluto: la temporada 1950-51 había visto 54 goles en 10 partidos, con un promedio aún mayor de 5,4 tantos por encuentro.







