El Inter se posiciona como un firme candidato al Scudetto, impulsado principalmente por un ataque renovado y sumamente prometedor. Aunque persisten algunas incertidumbres sobre el ánimo del vestuario tras las decepciones en la final de la Champions League y la elección de Chivu como entrenador —a pesar de que su trabajo ya muestra resultados alentadores—, hay un elemento que genera gran entusiasmo: la eficacia recuperada de Lautaro. Este delantero, quizás subestimado a nivel internacional, sigue siendo una pieza clave.
A Lautaro se unen dos “joyas” emergentes: Bonny y Pio Esposito, quienes ya han dejado su huella en el marcador. Con la adición de Thuram, el Inter cuenta con un potencial ofensivo formidable. Este proyecto, fuertemente enfocado en la capacidad goleadora, es verdaderamente fascinante. La rápida irrupción de cualquiera de estos jóvenes talentos podría ser el factor diferenciador, eclipsando negociaciones pasadas como la infructuosa por Lookman. Chivu merece crédito por su valentía al dar espacio a estos prometedores jóvenes.
La audaz decisión de Chivu de apostar por la juventud no es común en el fútbol actual, donde muchos entrenadores a menudo priorizan la seguridad de los jugadores experimentados.
En otro frente, el rocambolesco empate entre Lazio y Torino ha permitido a Baroni conservar su puesto en el banquillo del Toro, siendo el apoyo de Cairo crucial para la posible recuperación del equipo granate. Por su parte, Sarri aún no parece tener el control técnico total del proyecto Lazio, a pesar de las dificultades económicas del club y su extensa trayectoria enfrentando situaciones complejas. También merece destacarse la actuación del Como de Fabregas, que superó con éxito el examen contra la Atalanta (conocida como “La Dea”), demostrando madurez y consolidando su estatus como un equipo joven y talentoso que genera gran curiosidad.
Finalmente, en el esperado enfrentamiento entre Juventus y Milan, la presión recae principalmente sobre Tudor. Él necesita demostrar su valía como entrenador de Scudetto, exigiendo un resultado simbólica y deportivamente significativo. Surge la interrogante de si el entorno juventino lamenta la ausencia del enfoque pragmático de Allegri, una figura que dividió a los aficionados bianconeri entre el amor y el odio, pero que, al recordar ciertos duelos, era sobre todo temido por sus rivales.







